The Weeping Song

Saturday, September 15, 2007

And Then The Letting Go


Bien. Mucho mejor. Ya se me está pasando la morriña de ayer. Ayer por la tarde jugamos un partido de futbol sala en una jaula en Oosterpark. Bajo la lluvia y partiendo piernas, muy auténtico. Cené en la habitación de Álvaro, un sevillano que estaba en el partido. Después fiesta con media residencia metida en la habitación de otro español. Vino el supervisor a llamarnos la atención, pero le invitamos a unas cervezas y acabó saliendo a Paradiso con nosotros. Paradiso que al final no fué Paradiso. Los quince euros de entrada los iba a pagar la madre de Cruyff. El supervisor nos llevó a un antro subterráneo y suduroso lleno de universitarias cachondas. El tío nos dijo que se pasaba por ahí cada noche. Y parecía tonto. Pensaba que cerrarían más pronto; al final no nos echaron hasta pasadas las cuatro. Y después otra vez en bici para casa. Tengo el culo que parece un mapa de calles del raval por culpa del puto sillín de las bicis que me dejan. El lunes me voy a ir a comprar una bici. Por la residencia ha habido unos cuantos que han optado por la opción que aquí llaman "junkies on the bridge", pero sus bicis de diez euros ya están o muertas o vegetales. La otra opción es comprar una por cien eurazos con cadenas y luces y todo y si la devuelves cuando te vayas te devuelven cincuenta. Además cualquier reparación es gratuita. No está tan mal.

Mi compañero de habitación es un tío tranquilo. No acostumbra a salir nunca y estudia más de cinco horas al día. El otro día me pilló por banda y me soltó un rollo de unos experimentos que hicieron con unas ratas para ver si les afectaba el estrés. Algo digno de olvidar. Hoy ha salido el Sol y no hace tanto frío. He quedado para ir a cenar a casa de Álvaro otra vez, esta vez con Joao, un portugués que ayer perdió veinte euros al poker y se ha quedado sin pasta para acabar el mes. Hemos ido a comer al otro lado de la ciudad, a otra residencia. Una española nos ha invitado al "plato erasmus": pollo, arroz, salteado de verduras y curry. Y es que dar un paseo por los pisos de la residencia es como un chute de curry vía nasal.

Total que ayer -vuelco temporal rollo Lynch-, cuando llegué de fiesta y después de los spaghettis en la habitación de Mario -un vasco que vive en Madrid-; llegué a mi habitación y estaba Carlos pasadísimo estirado en la cama y un mejicano y otro indefinido acabandóse la última copa. Cuatro botellas vacías encima de la mesa justificaron una larga conferencia sobre la debilidad de las relaciones diplomáticas entre Méjico y España. No recuerdo mucho más, me quedé frito en seguida.

Carlos no me deja fumar en la habitación -bueno, no se lo he preguntado, pero me sabe mal-, así que frecuento el pasillo (llámale pasillo, llámale balcón, que viene a ser lo mismo. Otro día os lo describó un poco más acuradamente) y os puedo que asegurar que hace musho frío. Igual es el momento de dejar de fumar.

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