The Weeping Song

Friday, September 14, 2007

La Llegada


Hace frío, joder. Llueve intermitentemente. Pero en la habitación dejan consumir drogas blandas; un consuelo. Aquí estoy yo con mi droga blanca. He tenido problemas con el pago de la habitación pero estos holandeses son buena gente y me han dado las llaves igual. Caixa Catalunya fa cagar. Ayer fue un día de mierda. La resaca se cruzó con un puado de sentimientos cruzados. Voy a echar de menos a Maria. Y aunque no hay nada llamativo en este hecho, el hecho en si hace que me dé cuenta de varias cosas que ahora no vienen a cuento. A mi cabeza egoísta le encantaría que el tiempo parara en Barcelona, que no pasara nada hasta el año que viene, que todo el mundo se quedara en casa viendo pasar otoño, invierno, primavera y verano. Que nadie viese a nadie y que todos perdieran un año adivinando formas en las nubes. Pero bueno, no pasará, y como siempre mi cabeza se resignará.

Hoy el día ha sido más abstracto. No he dormido nada -dos horas en el avión- y Amsterdam me ha recibido con legañas y batín; como si no me esperara y no le hubiese dado tiempo a maquillarse. No sé porque se dice eso de que ir en bici no se olvida. Yo lo había olvidado. Héctor me ha venido a recoger y se está portando estupendamente bien. Mi compañero de habitación se llama Carlos. Es brasileño. Tiene veinticinco años y se está sacando un máster de dos años en Biología. Este es su segudo año. Parece buen tío, ya os diré. Creo que me voy a pegar una ducha y saldré a comer algo. Llevo casi dos días sin dormir y no tengo sueño.

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