The Weeping Song

Tuesday, February 06, 2007

Marquee Moon


De mayor quiero ser como Tom Verlaine. Quiero envejecer como Tom Verlaine. Esa figura espigada, esa cara chupada, esa manera de coger el cigarro como si fuera una extremidad más del cuerpo. Entiéndeseme, no hablo de mi admiración hacia la figura icónica de ese neoyorquino de finales de los 70; sino hacia un tío entrado en años que, conservando intacta su manera de hacer las cosas, consigue madurarlas, dándoles un aire aún más atractivo. Me gusta la gente que consigue dar una imágen más atractiva a los 60 que a los 20.

Anunciaban en el Plus -o en Cuatro, no lo recuerdo- que esta noche daban un concierto de la reciente gira de Depeche Mode. Si no tenéis nada mejor que hacer, ya sabéis. Aunque supongo que siempre hay cosas mejores con las que ocupar el rato. Leer no es una mala alternativa. El primer día que llegué a Buenos Aires me perdí por una callejuela de San Telmo y me compré Nieve de Orhan Pamuk porque me gustó la portada, porque no tenía ni idea de quien era y porque Borges y Cortázar daban un palo de la hostia. Después de varios intentos, me entró y me acabé el libro de un tirón. Tengo que hacer una práctica y se me ha acabado la tinta. Fiesta. ¿Qué estaba diciendo? Pamuk. Total que hoy mirando las noticias he visto que se ha tenido que exiliar a Nueva York por presiones de los grupos nacionalistas. Tela como está el mundo.

Pensaba que era como un logro pasar sin decir nada de lo que ha pasado este fin de semana. Pero ahora lo he reflexionado y es una estupidez evitar pensar en ello. Tema aparte la reflexión que debemos hacer todos con el tema de los accidentes tráfico; preferiría referirme a mi relación con él y a lo raro de los sentimientos que han ido desfilando estos últimos días. Salir de casa cada día mirando hacia su ventana, volver a casa cada día y volver a mirar a su ventana; como si en cualquier momento fuera a salir y me soltara cualquier estupidez de las suyas. La última vez que hablé con él fue llegando a casa, hará un par de meses, sobre las 7 de la mañana. La conversación, la de siempre. El cruce de pensamientos de estos días han llegado a la conclusión que, como dice Richard Hawley, "you don't miss your water, 'till the river run dry". Ayer bajé a hacer un cigarro con otro vecino y estuvimos media hora sin decir nada, mirando a su ventana. Como si en cualquier momento fuera a salir y soltara cualquier estupidez de las suyas.

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